Golpe pro-estadounidense en Venezuela

Publié le par JoSeseSeko

Photo: Flickr/mundo acontecer

Photo: Flickr/mundo acontecer

El presidente de la Asamblea nacional, Juan Guaido, se autoproclamó presidente de Venezuela el 23 de enero, poco tiempo después de la investidura dudosa de Nicolás Maduro para el segundo mandato presidencial en un país hundido en una crisis económica y política desde la muerte de Hugo Chávez, en 2013. Varios países latinoamericanos y sobre todo los Estados Unidos se apresuraron a reconocer a Guaido como presidente de Venezuela, signo que la ultraderecha se somete al imperialismo yanqui.

¿Venezuela, símbolo de resistencia al capitalismo y al imperialismo estadounidense según sus defensores, o símbolo de una dictadura horrible y socialista según sus detractores, vive una encrucijada en su historia? En todo caso, Juan Guaido, presidente de la Asamblea nacional, miembro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición de derecha, mayoritaria, se autoproclamó presidente interinamente de Venezuela, el miércoles, 23 de enero, en sustitución de Nicolás Maduro, del Partido socialista unido de Venezuela (PSUV). Una fecha no escogida al azar porque corresponde al fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958. Esta autoproclamación hecha en una alianza de la oposición a Caracas provocó enfrentamientos con las fuerzas de orden social, haciendo a varios muertos.

Renoncimiento occidental

Este acontecimiento se produce algunos días después de la investidura de Maduro para el segundo mandato presidencial, después de una elección presidencial discutida en 2018, donde el MUD apeló al boicot, considerando que los dados fueron cazados con reclamo para favorecer el campo chavista. Y firma que no engaña, la abstención fue mayoritaria durante esta elección presidencial, reforzando la falta de legitimidad de Maduro, que es acusado de llevar Venezuela hacia una dictadura, desarrollando una atmósfera de caos en el país, con manifestaciones violamente reprimidas en julio de 2017 por ejemplo. Por otra parte, algunos días antes de esta manifestación de la oposición y este putch de Guaido, una parte del ejército quería lanzar una insurrección contra Maduro, después una tentativa de atentado en agosto de 2018, y qué en alguna parte, lo que tiene que temer, sea el árbitro de este duelo entre Guaido y Maduro, procurando maximizar su interés limpio, ya mucho reforzado estos últimos años.

Lo cierto es que Guaido recibió mensajes de reconocimiento al nivel internacional. En primer lugar, los Estados Unidos. Donald Trump se hendió de un tweet para reconocer a Guaido como presidente interinamente de Venezuela, totalmente como su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro. Otros países, tales Colombia, Perú y Canadá se apresuraron a seguir este paso desenvuelto (cf enlace n°1). Parsimoniosamente en el seno de la Unión Europea. El presidente del Consejo europeo, Donald Tusk, apoya a la derecha venezolana y el presidente francés Emmanuel Macron también pisó los talones, en nombre de la ilegitimidad de Maduro y de la libertad de los venezolanos.

En reacción, Maduro decidió a romper relaciones con EEUU, acusando al gobierno estadounidense de "intervencionismo" (cf enlace n°2).

Fin de un ciclo

Este abuso de autoridad por parte de la derecha venezolana, aliada a Washington, que lleva en odio Venezuela desde 1998, el año cuando Hugo Chávez, predecesor de Maduro, fue elegido una primera vez en la elección presidencial, parece todavía más marcar el fin de un ciclo empezado a finales de los años 1990. La de una izquierda latinoamericana victoriosa porque en resistencia frente al imperialismo estadounidense, que valora lo que América sea su vedado desde el establecimiento de la doctrina Monroe (1823), cuidadoso de llevar una alternativa igualitaria al capitalismo en una época cuando el bloque soviético se había hundido, notable según Francis Fukuyama el "fin de la historia", la portadora de un mensaje democrático con la revolución ciudadana, internacionalista queriendo favorecer las relaciones Sur-Sur, y ecológica con la idea del buen vivir, con el fin de formar el socialismo del siglo 21. La victoria de Chávez había visto luego una dinámica favorable en los años 2000 con Lula da Silva en Brasil, Nestor Kírchner en Argentina, Micaela Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, etc. Una vez al poder, políticas de nacionalizaciones de ciertas actividades económicas fueron lanzadas, particularmente en la energía, las materias primas, así como la aplicación de programas sociales sólidos para combatir la pobreza y reducir las desigualdades. Por ejemplo, Venezuela, bajo Chávez, llevó este género de política que conseguía hacer Venezuela el país menos no igualitario de América latina a la encrucijada de los años 2010. Lo mismo que estos países aliados habían hecho presa al proyecto de zona de libre cambio de Américas, querido por los Estados Unidos de Jorge W. Bush en 2005.

Pero la crisis económica de 2008-2009 cambió lo da y, a medio plazo, puse en dificultad estas políticas redistributives, insuficientes frente a una falta de reestructuración de la actividad económica. Allí todavía, insistamos en Venezuela porque este país, disponiendo de reservas inmensas de petróleo, reforzó su dependencia hacia el oro negro, tanto bajo Chávez como bajo Maduro, que no soporta la herencia política de Chávez. Lo mismo que no hay que olvidar que el sector privado y mucho informal, se queda bajo el dominio de la clase burguesa que tiene un odio feroz hacia los partidarios de Chávez y Maduro. Dicho esto, los chavistas se hacen criticar sobre su izquierda por su ineficacia que combate la corrupción, su incapacidad que ha diversificado la economía venezolana, demasiado dependiente de la renta petrolera entonces que el precio del petróleo fuertemente se redujo desde el verano de 2014, derritiendo las reservas de cambio de Venezuela y creciendo a récords tristes en materia de inflación, luego la negativa del diálogo hacia los partidos a la izquierda del PSUV, devolviendo a estos últimos inaudibles tanto al nivel local como internacional. Sin contar, por supuesto, la importancia dada del caudillo sin procurar volverlo a discutir, si no es el exilio para querer continuar viviendo, si es posible. En consecuencia, el proletariado venezolano y sensible a la idea de la revolución bolivariana, se encuentra dividido debido a las decepciones que le abastece la república bolivariana, particularmente bajo Maduro. Pero no es el único. Esto se vió recientemente en Brasil, con la elección de Bolsonaro el octubre pasado, con la elección de Mauricio Macri en Argentina en 2015, etc. Bolivia de Morales podría volcar bien a la derecha, tanto el presidente boliviano valora a quedarse al poder, modificando la Constitución boliviana, inspirada de la de Venezuela, para su propio interés.

La izquierda latinoamericana, fuente de inspiración intelectual para algunos en Europa, como Pablo Iglesias o Jean-Luc Mélenchon por ejemplo, corre peligro de conocer un nuevo período de clandestinidad.

Pour être informé des derniers articles, inscrivez vous :
Commenter cet article