Una izquierda atacada en América latina

Publié le par JoSeseSeko

Photo: Lente Quente

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El asesinato de Marielle Franco, consejala de Río de Janeiro, el miércoles, 14 de marzo, ilustra la impunidad y el racismo institucional en Brasil, así como la política de eliminación de la izquierda por todos los medios para las fuerzas liberales-conservadoras y reaccionarias. Una tendencia observable en otro lugar en América latina.

Tristeza y emoción se apoderan Cariocas en respuesta al asesinato de Marielle Franco, el miércoles, 14 de marzo, en la ciudad, después una reunión intitulada "las jovenes mujeres frente al sistema racista". Esta consejala de edad de 38 años, miembro del Partido socialismo y libertad (PSOL), un partido de izquierda radical nacido de una escisión de la ala izquierda del Partido de los trabajadores (PT), había hecho declaraciones múltiples que denunciaban(revelaban) el comportamiento de la policía en las favelas de Río de Janeiro así como el envío del ejército por el presidente Michel Temer, simbolizaban un desprecio de clase hacia las más pobres. El jueves, 15 de marzo, decenas de millares de brasileños manifestaron en memoria de la difunta, en Rio, en São Paulo, en Belo Horizonte o en Salvador de Bahia, donde se coge actualmente el Foro social mundial.

Un racismo profundo

Este asesinato político se refería a una persona que pertenecía a un partido que critica la política antisocial, liberal y reaccionaria del gobierno, donde la corrupción es de rigor. Sin contar que difunto Marielle Franco era una negra que había crecido en una favela de Rio, conociendo pues las dificultades del entorno de vida inherente a estos barrios abandonados del Estado, salvo cuando se trata de hacer la represión policiaca o militar. Luego por fin, Franco era una lesbiana que defendía al derecho LGBTIQ y afrofeminista. Lo que hace que su combate político era un combate inscribe en una lógica de interseccionalidad, donde luchas se articulan las unas de otras porque teniendo puntos comunes sobre los que es el opresor.

Este asesinato ilustra tan cuánto el racismo institucional es profundo en un país como Brasil. Lo que retuerce el pescuezo a una leyenda bien establecida en Occidente que Brasil es el país del "mestizaje", dónde blancos, mestizos y negros lograrían entenderse. Nada más falso porque los blancos guardan un poder político y económico fuerte, mientras que los no blancos, sobre todo los negros, los descendientes de esclavos, forman la mayoría de la población brasileña y la utra-mayoría de los pobres que vive en las favelas, con un horizonte social tapado. Salvo en el deporte, particularmente el fútbol, que es una fachada por excelencia para todo gobierno, excepto si Seleção no gana, como fue el caso en el momento de la Copa del Mundo 2014. Sobre todo que esta competición fue organizada en Brasil y que el gobierno, entonces llevado por Dilma Roussef, del PT, contaba sobre eso para salir del marasmo económico, político y social en el cual estaba en la época.

Reflujo general

Esta tragedia es sólo la continuidad de la historia de un reflujo general e inquietante de la izquierda en América latina. En los años 2000, la mayoría de los países latinoamericanos elegían gobiernos de izquierda, incluso de izquierda radical, con para ejemplos Luiz Lula da Silva en Brasil, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, los Kírchner en Argentina o todavía José Mujica en Uruguay. Estos últimos años, la derecha volvió al poder por las urnas en Argentina, con Mauricio Macri, o por un "Golpe de Estado institucional" como lo hizo Temer hacia Rousseff en 2016. Lo mismo que Lula, que se presenta como candidato para la elección presidencial de 2018, ha sido condenada por la justicia a corrupción en el asunto Petrobas, satisfaciendo los medios de negocios que temen una vuelta al poder del antiguo sindicalista. Luego si partidos de izquierda se quedan en el poder en América latina, la tentación autoritaria no está muy lejos, como a Venezuela con Nicolás Maduro, que sufre de la comparación y de la herencia de Chávez.

Este reflujo es símbolo de una derecha revanchista, que no desea la paz con la izquierda, aun cuando ésta habría renunciado a la lucha armada. Lo que es el caso en Colombia, dónde los partidarios del ex presidente Álvaro Uribe ganaron las elecciones legislativas, el domingo, 11 de marzo. Estas elecciones debían marcar la transformación de las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC) en Fuerza alternativa revolucionaria común. Pero Farc hizo sólo el 0,4 % de las voces y deberá contentarse con asientos de diputado y de senador (10 en resumen) negociados con gobierno de Juan Manuel Santos en el momento del acuerdo de paz encontrado en 2016. Pero la atmósfera de violencia hacia los sindicalistas y los asesinatos de miembros de la Farc empujaron el partido a no presentar a candidato en la elección presidencial del 27 de mayo próximo, para no hipotecar las posibilidades de Gustavo Petro, antiguo guerrillero del M-19, de suceder a Santos a la presidencia de la república colombiana y afirmar el proceso de paz en Colombia.

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